Amor y lujo

por | 18 Ene, 2019

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Hubo una noche, de esas en la que quedas con tus amigos en el Bar de costumbre para tomar unas cañas y comer algo antes de entrar en la movida. Que en nuestro caso era o, ir a nuestro queridísimo Zeppelin Bar, nuestro segundo hogar, o bien salir de excursión como le llamábamos en aquellos entonces al hecho de salir a Málaga centro o Fuengirola.

Eran tiempos en los que prácticamente casi todos los del grupo andábamos solteros y sin compromiso, abiertos al flirteo con lo que se terciara en la noche, salvo una pareja de amigos que cariñosamente apodamos “cheesy couple”.

Esa noche llegué el primero junto con Ana, una amiga del grupo con la que me encanta charlar sobre los singulares recovecos que esconde la vida, nuestra psique e interioridades, nuestros sentimientos y modo de ver el mundo más íntimo. Tras saludarnos, nos sentamos en una mesa y pedimos unas copas de Rivera del Duero. A ambos nos encanta apreciar el buen vino, saborearlo, sacarle sus matices. En parte porque nos gusta y en parte por la herencia aprendida de nuestros padres sobre el buen beber. El caso es que, tras ponernos al día, siempre terminábamos platicando de nuestras más íntimas y variopintas inquietudes.

No recuerdo muy bien cómo desembocó la conversación aquella noche, pero sí recuerdo que hablamos sobre nuestros lemas particulares sobre la vida que ambos compartimos. Desde mi tradicional “no importa el sitio sino con quién estás”, a su “amor y lujo”. Amor y lujo. Dos palabras con las que coincidíamos en su maltrecho y mal entendimiento de su verdadero significado. Exponíamos cómo se degeneraba, hoy día en la sociedad, su uso y se confundía con sexo y materialismo. Con la atracción del sexo opuesto, o del mismo, con lo caro y ostentoso.

Ella me hablaba sobre cómo ha intentado siempre enfocar su vida bajo estos dos conceptos. Rodearse de ellos. Conceptos que para nosotros tenían un espectro mucho más profundo.

Como ejemplo le ponía ese preciso instante que estábamos viviendo. Porque la verdadera amistad, cuando se reviste de completa sinceridad, sin intereses, es una forma más de expresar ese sentimiento hacia una persona. En cuanto al lujo, para nosotros significa ser consciente de todas las cosas maravillosas, materiales o no, que nos rodea y estar en agradecimiento por su disfrute y presencia en nuestras vidas. El lujo reside en saber sacar el lado bueno y extraordinario de cada cosa o momento y saber disfrutarlo. El tener esa copa de Rivera sostenida entre nuestros dedos, estar en un entorno agradable, con grata conversación y mejor compañía era nuestro ejemplo viviente.

Por tanto, concluíamos en que había mucha gente rodeada de riqueza y suntuosidad y vivían una vida miserable, y gente sin un euro en el bolsillo con una vida llena de amor y lujo. Por supuesto, también se daban los casos extremos: unos con TODO y otros sin NADA.

Luego, llegaron el resto de los amigos. ¡Todo un lujo! Mi gran y preciado tesoro. Con nuevas conversaciones, nuevas risas, nuevas rondas… en las que nos preparábamos minuciosamente para el desembarco en Zeppelin Bar.

Este post es un guiño a los que éramos y a los que somos.

 

***

P.D: Si tuviera que elegir una canción que nos representara en esas noches de fin de semana elegiría (y estoy seguro que el resto de mis amigos también) la canción que el “Poli” ponía para despedirnos, o “echarnos” del bar a las 4 de la mañana… y que todos, absolutamente todos, cantábamos a viva voz, desentonando, roncos, borrachos de felicidad y apurando la última cerveza.

 

“Un beso y una flor” de Nino Bravo

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