Carta a Luis

por | 20 Ene, 2019

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En mi infancia, en aquellos años de colegio que por entonces era la EGB, tuve un profesor: Luis. Luis, aparte de ser queridísimo por sus alumnos y todo aquel que lo trate, es un personaje peculiar. Su personalidad alegre, abierta y llana, dicharachera, y su profundo amor por la enseñanza, le hizo ganar la simpatía y el corazón de quien lo tratara. A parte, su gran capacidad creativa, su vivacidad y carisma le han hecho participar en innumerables jaranas (unas buscadas y otras encontradas) en las que se ha ido forjando un nombre artístico “Luiselmaestro”. Desde Carnavales a Navidad, desde pregonero de fiestas a dirigir obras de teatro, desde disfrazarse a planear, montar y presentar eventos o desde pintar cuadros a escribir relatos… por poner una pequeña muestra, se ha ganado el corazón de todo un pueblo.

Actualmente está jubilado. Pero eso no significa que esté parado, en absoluto. Ahora viaja más, escribe más, pinta más, monta sus propias galerías con sus cuadros, presenta algún que otro evento, gusta del buen comer… Me alegro mucho por él. A veces pienso que la vida le está devolviendo todo aquello que él ha dado desinteresadamente. Un buen ejemplo de karma viviente.

Todo esto que os cuento de mi querido profesor de la infancia viene porque, hace unos días, curioseando entre mis carpetas de archivos, me encontré con una carta que le escribí de forma anónima en el día de su jubilación. Que cómo no, se celebró con un merecidísimo homenaje que vino con el regalo incluido de la presentación de su último libro. Esa carta anónima, utilizando como topo infiltrado para conseguir ciertos detalles a su hija y, a mi mujer, para darle un toque femenino con su letra, fue enviada a su domicilio. Poco después se desveló la autoría. Pero todo fue por darle una sorpresilla más en ese día tan señalado para él que, para más, era su cumpleaños.

Sin más aquí os dejo con ella:

Queridísimo Luis,

Un añito más, jubilación inminente y presentación de un nuevo libro recién sacado del horno… ¡Felicidades! No he podido resistirme a hacerlo. Créeme que me ha costado decidirme, y ya ves … son tantos años ya juntos en esta pasajera vida entreverada de días, noches… sueños… y ¡aún me ruborizo! A veces pienso que te aprovechas de mi inocencia cuando marcas tu singular mueca en tus labios. ¿Qué le voy a hacer? Soy femenina, muy tímida pero coqueta, curiosa y traviesa a la vez… ya me conoces un poco. Te digo un poco porque a veces pienso que no me conoces… ¡anda que…! confundirme con esa… sí, sí, ¿cómo le llamáis los que os sabéis pintores o escritores?… ¿Musa? Ya te vale… Pero bueno, soy comprensiva y entiendo que eres humano, que tienes una mente que te arrastra a su menesteroso mundo…

Pensarás… ¿qué complicada eres? Soy mujer, ¿recuerdas? Suena a topicazo… pero es que ¡no me haces caso!… no tienes que entenderme Luis… sólo amarme como la Luna ama al Sol. Tu problema es que me piensas… y si me piensas me tapas, si me sueñas me destapas… si intentas tocarme intento escaparme, si te desprendes… me prendes. Hasta te olvidas donde vivo porque siempre andas buscándome por algún rincón… a veces de tu cabeza, otras por tu desordenada habitación… abres y cierras cajones deambulando entre la duda y la certeza… y yo mientras, como Blas, apartado y expectante, me quedo mirando… quizá colgada de algún estante apretujado como tu lámpara de pinza, o doblada como hoja de un libro inacabado…

TIC… TAC… TIC… TAC… TIC………. TAC… No me busques más… ¡Estoy aquí! Te estoy dando mi dirección. Noooo…. no vivo en un reloj. Vivo ahí… justo en la acera del tiempo, entre el TIC que ha pasado… y el TAC que pasará… sí, ¡ahí! En ese instante, justo en ese instante. Siempre verás mi puerta entreabierta, para que entre quien guste entrar… ¡¡están todos invitados!! Entra… pero cierra con cuidado al pasar. Espera… ¿Escuchas?… ¡No hay ruidos! Sé que te gusta abrigarte con mi cálido silencio. Ya de pequeño apuntabas maneras.

Y como niño pequeño entras siempre a mi casa… inocentemente pícaro, tremendamente antojadizo, como si a un mostrador de chuches te acercaras: – “A ver Luis… ¿Qué quieres para pintar hoy?”… Y siempre señalas lo mismo: paisajes de playas con faro o barcas, tierras de labranza o palomares… -“Quierooooo, quierooo…. quiero un palomar!!” Y te digo: -“Luisito… Hay más lugares, ¿eh?” Pero nada… feliz y radiante dibujando y pintando palomares… Como cuando te hago recordar canciones… y ¡cantas! Cantas todo el rato… en casa, por los pasillos del colegio… Me gusta verte así. Aunque ahora, creo que vas a cantar más en casa que en el colegio…

Por suerte, ahora te tengo jubilado… y me ha comentado mi amiga Esperanza, en una de esas noches locas de chicas, que ahora me prestarás más atención… ¡¡Cuántas cosas podremos hacer juntos!!… Siempre que quieras… claro, porque yo siempre estoy dispuesta. Siempre estoy esperando a que toques en mi puerta, ilusionada… como niña en el día de Reyes, arreglada, maquillada con ribetes de inesperadas ideas, con el sonrosado de tu mejilla por el aire fresco en la mañana… vestida con el azul del mar que abrazas. Tengo tantas historias que contarte, tantas rimas y versos que recitarte… Tendremos nuestros pequeños secretos de siempre que tan sólo dejo que por tu sonrisa se escapen. Luis… tendremos hoy, únicamente será hoy… hoy y siempre juntos…

Esperando a que toques en mi puerta…

Besos!!

P.D: Luis… No le des más vueltas… Todo es producto de: … ¡TU IMAGINACIÓN!

 

***

A Luis y a mí siempre nos ha gustado compartir nuestros gustos musicales. Nos hemos enviado muchas canciones, conociendo así, un poquito más, el particular universo musical el uno del otro.

Luis, hoy te mando por aquí una de las mías…

 

“Redemption song” de Bob Marley.

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