Mientras duermes

por | 22 Ene, 2019

Comparte con tus amigos:

Esta mañana temprano, al poco de estar en el estudio frente al ordenador pensando sobre qué escribir, te escuché lloriquear. Dejé unos segundos de margen, como de costumbre, por si sólo era un cambio de postura o no dabas con el chupete, pero insististe un poco más y me dirigí al dormitorio para ver qué te pasaba. Ya por el pasillo sentí que te callaste, pero igualmente fui.

Desde la entrada de la habitación, con la tenue luz que entra desde el pasillo, pude ver que te cogió mamá de tu cuna y te metió en nuestra cama. Te tenía arropada encima suya, en posición canguro, como cuando te cogíamos en el hospital. Y no pude evitar pensar en esos primeros días cuando llegaste, de prisa y corriendo antes de tiempo, a nuestro mundo. Cuando no podía articular palabras para decirle a mamá que estabas bien, que eras muy pequeñita y bonita, el bebé más bonito del mundo. Cuando te toqué con mis manos por primera vez a través de la incubadora y te sentí, sentí tu calor.

Recordé como si fuese ayer cuando llevaba cada noche en silla de ruedas a mamá, por ese largo pasillo, hasta la sala de lactancia, justo al lado de tu pequeña suite de cristal en cuidados intensivos de neonatos. Luego pasábamos a verte y darte las buenas noches. No habías hecho nada más que llegar cuando ya estabas dándome tu primera lección de vida con tu ejemplo, de amor, de lucha, de valentía. Cómo en esas primeras 48 horas cruciales levantaste milagrosamente tu estado crítico de salud aferrándote a la vida, rompiendo todo pronóstico.

Me quedo un instante observándote, regocijándome mientras duermes de mi buena suerte. Dando gracias por tenerte a ti y a mamá. Sintiéndome tremendamente afortunado por tener a la mujer más maravillosa a mi lado, cuidándonos, amándonos. Por eso, cada mañana, le recuerdo un poquito, antes de irme al trabajo, lo mucho que la quiero. Y me llevo vuestra imagen, esperando que pase pronto el rutinario trámite de horas en la jornada para volver a veros. Para llegar a casa, abrir la puerta, escucharte decir: “¡papi, papi, papi!”, y volver al calor del hogar, de nuestro hogar.

Ahora sólo quieres quedarte dormida en el candor del abrazo de mamá, muy rara vez lo haces conmigo. Pero siempre recordaré que, en tus primeros meses, cuando te cogía para intentar dormirte y no lo conseguía, recurría a ponerte música. Te mecía y me deleitaba viendo cómo tus ojos se vencían, lenta y armoniosamente, con el sincrónico balanceo del chupete mientras escuchabas la canción que te ponía. Y allí, en ese sitio y en ese momento, había un padre inundado de paz y felicidad. Un padre que antes y ahora, mientras duermes, vela por ti, por tus sueños y buena suerte en la vida.

 

***

Esta es la canción con la que caía rendida de sueño mi pequeña Ángela. Nuestra canción de cuna particular durante unos mesecitos (hay documentos gráficos que lo muestran).

 

“Sweet child o mine” de Guns N’ Roses.

¿Te ha gustado esta entrada? Recíbelas en tu correo.

Comparte con tus amigos:

Últimas entradas:

Quizá te interese también...