Volver a empezar, reinventarse. (On the road again).

por | 7 Ene, 2019

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Un día de tu vida decides emprender un viaje. Te ilusionas, decides ir a una bonita ciudad costera que te recomendaron, haces las maletas, llenas el depósito de gasolina… y ¡adelante! Vas en tu coche sonriente, escuchando la música que en casa preparaste para la ocasión. Todo va bien, el sol brilla solitario en el cielo azul.

Pero, transcurrido un tiempo, empiezas a notar que algo dentro de ti te incomoda. De primeras no sabes qué, continúas. Haces un repaso mental por si te has olvidado algo; suele ocurrir. Pero no, no dejaste nada. Cambias de canción y te animas a cantar para olvidar las malas vibraciones. Estás de vacaciones y de eso se trata, de pasarlo bien. Mitigas un poco tu incipiente sensación autoconvenciéndote de que es normal sentirse un poco raro. Vas a un sitio nuevo para ti, es tu primera vez y no conoces nada de allí donde vas, salvo lo que te han contado otros.

Haces una parada técnica para repostar, comprar alguna bebida con cafeína para el camino y, de paso, saciar una necesidad primaria. Vas al baño. En ese momento íntimo en el que tu mente respeta la privacidad de tu función biológica y se abstrae, surgen preguntas. Preguntas, nacidas de esa incomodidad reciente, del tipo: ¿vas a ese lugar tan sólo porque otros dicen que se lo pasaron bien allí? ¿realmente quieres ir allí?

Sales y te diriges al coche. Ves todo claro salvo una cosa. Tienes unos días de vacaciones, el tanque lleno, nadie va contigo, nadie te espera en ningún lugar… ¡Hasta tienes gominolas para el camino!

De pronto ves que, justo al lado, hay una familia montándose en su coche para continuar. Tienen el maletero abierto. Y observas que encima de su equipaje hay varias cañas de pescar. «Parece que van de pesca» te preguntas mientras abres la puerta de tu coche. La cara se te ilumina, te estás poniendo el cinturón y estás recordando cuando, de pequeño, ibas con los amigos al rio a pescar. Te encantaba, te lo pasabas en grande. Un cosquilleo recorre todo tu cuerpo. Te surge un profundo y sentido: “¿Por qué no?” Todo tu interior te grita ¡¡Síííí!!

No lo piensas un instante más. Se despejaron todas las dudas.

Aparcas el coche a un lado, coges el móvil y cancelas tu reserva en ese hotel costero. Recuerdas que a pocas horas de camino hay un pequeño lago muy afamado por los aficionados a la pesca fluvial. Buscas en internet y hay unas bonitas cabañas a pie de lago para alquiler. Llamas directamente. Hablas con el caballero, que te atiende muy bien, y tienes suerte, hay una para ti. Te comenta, sin preguntarlo, que justo al lado hay un pequeño embarcadero donde alquilan botes y todo lo relacionado para la pesca. ¡No podías estar más de suerte!

Metes la nueva ruta en el navegador… y ¡allá vas! Distinto, convencido e ilusionado de verdad. No sabes qué ocurrirá, cómo te lo pasarás. Pero de algo estás seguro, que, en el momento en el que estás, estás pleno, radiante, dejándote llevar por las señales, escuchando tus emociones, tu interior. El siguiente momento ya vendrá. AHORA estás aquí contigo mismo, volviendo a empezar, reinventándote. En la carretera de nuevo. Completo. Feliz.

***

¿Por qué no?

Quisiera compartir una canción con vosotros. Mientras escribía esta entrada la tenía sonando en mi cabeza. Es un tema que tengo en el pendrive de mi coche.

Tiene un sentido para mí. Quizá le encuentres el tuyo.

“Make me smile” de Steve Harley.

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